Se constriñe el corazón al ver tanta crueldad, tanta desolación, tanto sufrimiento infinito, de pueblos ancestrales enteros cayendo bajo las garras del interés más siniestro.
Venimos a darnos cuenta que la conquista de América anidó sistemático genocidio.
Que la Conquista del Desierto fue una guerra de exterminio...
Que los pueblos originarios tienen - al menos de ahora en mas en nuestro país - además de derechos comunes, derechos especiales propios (poseer sus antiguas tierras, hablar sus lenguas, vivir sus culturas), siendo desde luego, ciudadanos argentinos, entonces, con obligaciones dobles.
Pero de la letra pura a la estricta realidad, el abismo es bien claro, las tierras donde fueron remitidos no producen, por lo tanto, su arraigo no es válido, no se hallan diría un paisano y terminan como menesterosos. Peor que villeros de ciudad, que habiéndose adaptado al medio, bien trabajen, medren o roben, se la rebuscan para vivir.
Estos esperan con humildad ayuda del que sea...
Todos se les aprovechan, los políticos, las autoridades, hasta los medios, que de vez en cuando sacan a luz sus miserias.
Las Naciones Unidas, los gobiernos del mundo o las ONG (grandes o pequeñas) que tratan de protegerlos, tienen menos poder que los poderes que se abalanzan sobre sus tierras.
Las guerras de exterminio, no son guerras civiles, no es un bando contra otro, luchando de igual a igual.
Son cacerías para limpieza étnica, matar a humanos considerados sub humanos.
Lo más triste, imperdonable y bárbaro es que tiene toda las características o el sello, si se prefiere, de ser el método mas eficiente de civilizar naciones atrasadas,por medio de la supresión de hombres.
Todos siempre creímos que civilizar era elevar mediante la instrucción el nivel de educación del pueblo. Por que el bruto es instrumento de dictadores.
Pero cuando de suprimir remanentes tribales se trata, la política es azuzar a los pueblos mas aguerridos, los que mas asumen la ideología del exterminio, los métodos militares, las modernas armas y enderezarlos contra los mas débiles, ya entregados y sin valor para pelear y con algún pretexto viejo de rivalidad o enconos, usarlos como ariete mortal.
Ningún sistema político (ni demócrata ni marxista) ha podido solucionar la cuestión de las nacionalidades, o los enfrentamientos entre etnias.
Solo se montaron encima para su provecho, sus necesidades, pero las cuestiones históricas entre pueblos quedaron pendientes, por ello muchas terminaron en horribles baños de sangre.
Todo hace pensar que esto continuará, con provecho económico para las estrategias mundiales, sin importar ni la ética ni la moral.
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