viernes, 24 de mayo de 2013

Una Guerra Económica y el resto de nosotros: espectadores gratis

Sin querer y ni de casualidad y por el solo hecho de haber visto y vivido desde mi uso de razón tantos procesos políticos,  pensé que el crecimiento de nuestra población, la expectativa de vida, aumento del nivel general de cultura y en definitiva el engrosamiento del mercado, no se condecían ni con la riqueza acumulada y sus apropiadores con los nuevos pretendientes a ricos.Iba a haber conflicto.
La riqueza de un pueblo puede engrandecerse sin variar de dueños, y solo derramarse una porción en el tejido social - en degradé por supuesto - lo que no es poco, pero resulta insuficiente para volver ricos a quienes lo pretenden.
Ello implica grandes tensiones dentro del cuerpo social.
El asalto al fuerte - juego simple de mi infancia - que me entretuvo alguna ves una enfermedad del tipo de guardar cama, me dio la idea de competencia feroz en que vivimos.
No se trata de matar al enemigo sino de su derribe o su rendición incondicional para luego - puesto de rodillas - someterlo a nuevas condiciones, que si no son aceptadas éste enemigo debe quedarse sin nada.
Así dadas las actuales circunstancias, las peleas entre dirigentes políticos, empresarios, periodistas y burócratas, dejan entrever que todo se basa en quien se queda con la gran porción de la torta, ya sea de  fortunas personales, cajas sociales o del tesoro nacional, provincial e incluso de caja chicas varias.
Una vergüenza nacional diría un cómico.
Pero nuestra historia ha pasado por casi todos los sistemas o regímenes de gobierno que presentaron pueblos mas antiguos que el nuestro.
La disputa de poder o el enriquecimiento veloz y exorbitante que nos toca padecer, no tiene parangón más que en las antiguas guerras económicas europeas.
Es sabido que el capital tiende a la gran acumulación, es como un imán poderoso concentrando cada ves mas y abarca todas las ramas de la actividad económica.
Pero el uso de las poderosas palancas del estado por parte de grupos políticos da por resultado que corporaciones muy sólidas vean tambalear sus cimientos.
Sin embargo el pueblo que observa atónito la pelea, debe tener cuidado de entender que aunque la lucha es entre poderosos, la democracia y la república las debemos defender pese a todo y contra todo.
La mas preocupante es la lucha del gobierno contra los grupos o las corporaciones de medios informativos,etc.
No importa si creemos en sus dichos o nos proponen una visión equivocada de la realidad, el pueblo es sabio y para darse cuenta de las mentiras no necesita de nadie ejerciendo tutela, el día a día real corre cualquier tipo de velo.
Siempre es mejor la libertad de prensa y la libre expresión de las ideas por sobre el dictado de un gobernante por muy bueno que sea, que nos diga que esta bien o que esta mal.
Entonces señores, sepan que sus peleas no son nuestras, en ello no arruinen la república y por sobre todo no acallen las opiniones diferentes pues no será tolerado.


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