jueves, 2 de mayo de 2013

Mi nieta en mi escuela, varias generaciones bajo un mismo techo

La tarea comenzó como comenzó el día en que su madre nos hizo la misma pregunta:¿papá como era tu escuela?.
Y para uno que viene enchufado en mil cosas o que recuerda trozos de historia personal, retrotraerse a tan específico ámbito es curioso pues el recuerdo se detiene en rostros gratos de antiguos compañeros de aula (algunos sin nombre), también de tareas en la casa, de aventuras en las calles del pueblo y de tiempos compartidos con algunos de ellos durante varios años.  También recuerdos de personajes mal dados (léase maestras) por su triste papel de gritonas o vigilantes sin cobro ni alma(como ejemplo: sacar de las filas y mandar al frente de todo el turno alineado a los chicos que tuvieran las orejas con cera),  y cuyas actitudes,  imborrables en aquellas pequeñas mentes - no repararon y sin miramientos - sobre el posible dejo amargo que nos quedara a nosotros, niños. Pobre y triste papel. Seguramente hayan sufrido en su niñez algún tipo de agresión y tomaran venganza en nosotros, no sé.
Bien.Entonces, Composición: La Escuela del Abuelo.
Yo vivía enfrente del Colegio "Escuela N°6 Bartolomé Mitre" de Ituzaingó, justo a la vista de la Directora (que vivía en el Departamento ad hoc dentro del edificio y que tenía asignado el que viniera de lejos, a tomar el cargo), su condición y apellido: Srta. Juárez, o sea mi vecina.
Era y es la escuela más grande y linda del pueblo (hoy ciudad y partido del mismo nombre), orgullo de la zona Oeste, de dos plantas con patios y corredores amplios.
El principal al aire libre con mástil y jardín con pinos y rosales, que adornaban como telón de fondo a la formación de los turnos escolares.
Los patios internos tanto arriba como los de abajo servían al recreo, a clases de danza o gimnasia.
La calefacción con radiadores  de agua caliente, las persianas de madera, placares con puertas, todo funcionaba.
Provista de gabinete de ciencias, sala de mapas y biblioteca.
Y lo más importante - la frutilla del postre- un auditorio con pulman - para cine y teatro - sólo superado cuando el pueblo contó con el cine Gran Ituzaingó (cuando el empresario Clemente Lococco lo construyó).
Con butacas de asientos rebatibles de cuero color marrón, con sala de proyección y un piano al costado del escenario, el cual tenía cortinados rojo oscuro, parrilla con juego de luces, etc., todo muy profesional.
Allí vimos obras como el ballet Cascanueces, puesto en escena y dirigido por la profesora Cármen Santágata, hermosamente interpretado por los alumnos, con decorados dignos del mejor teatro de Capital.
Profesora que dicho sea de paso nos enseñaba folclore, rigurosamente.
Dentro del aula nos sentábamos en pupitres dobles, que poseía en el frente un tintero de porcelana blanca, pues escribíamos con lapicera de madera luego de plástico con pluma ("cucharita"). Al promediar el tiempo de primaria, comenzamos a usar lapicera fuente primero de carga manual y luego a cartucho.
Todos de guardaplovo blanco(al principio de semana, já!), escudo a la derecha en el pecho, saludábamos   a las autoridades y orábamos a la Bandera, al izarla o arriarla.
La campana de bronce o el timbre eléctrico marcaban recreos, clases, entrada y lo más lindo la salida, para tirar la valija, tomar la leche y ver el Capitán Piluso en casa de amigos o en la propia años después.
Salimos de excursiones a lugares que muchos de nosotros no conoceríamos de no haber sido por el colegio (cervecería Quilmes, o la fábrica de galletitas Bagley).
Manchas, carreras de cochesitos turismo carretera, en pistas dibujadas a tiza en el patio, eran nuestros pasatiempos.
Estos y tantos otros son mis gratos recuerdos, claro que sí de recordar se trata, hubo algunos serios y otros francamente malos, pero mejor dejarlos atrás.

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