viernes, 7 de febrero de 2014

EL TERCER HOGAR

Siempre nos inculcaron que la escuela era nuestro segundo hogar.
Andando el tiempo vimos que esa función con cierta calidez, era ocupada por otras instituciones educativas, culturales, etc.
Luego llegó el tiempo del trabajo, de poner nuestras habilidades y conocimientos al servicio de la comunidad en su mas amplio sentido.
Nuestro propio hogar al formarlo dejó en segundo plano aquellas figuras primeras.
Pero otro tiempo vino, en el que el trabajo dejó de ser el centro de la actividad humana excelente y la escuela casi no tenía sentido...
Hoy varias generaciones quedaron fuera de ambas inclusiones, que engrandecen al que pasa por su molde.
Entonces es necesario volver a encontrar la senda..
Cada vez se degrada mas el tejido social, sin educación el hombre no ve la diferencia entre humanos y bestias.
Hoy si queremos lograr mejorar la convivencia, la comprensión o el gusto de hacer bien las cosas por que hacerlas mal no nos enaltece, mas bien nos embrutece, entonces hay que cambiar el punto de vista.
Parecería que muchos jóvenes salen del hogar, pasan levemente por la escuela primaria y van al mercado laboral.
Las empresas toman estos individuos por salarios bajos, pues no tienen calificación, parece un buen negocio.
Pero ni bien se integran comienzan los problemas.
Es como cuando el buen sacerdote nos dice que si no estudiamos algo de religión somos analfabetos en la fe.
No entienden las órdenes, se rebelan ante una reprimenda, faltan por que si, se abonan al medico de los lunes, por desbarajustes de fin de semana, se enojan si les marcan errores, etc.
El malestar se eleva del capataz o encargado hasta el mas alto jerarca, que a las cuantas mala sangres se cansa y lo despide, se pierde plata en instruirlo, aguantarlo, pagarle, despedirlo e indemnizarlo.
Valga el negocio que era!
Recursos humanos dibuja un perfil de ingreso, quien necesite personal le indica para que lo empleará pero nadie se pregunta que haremos para revertir los costos descritos.
Como hacemos que ese individuo se "ponga y transpire la camiseta" de nuestra empresa, como debemos educarlo en los quehaceres, costumbres y comportamientos apropiados que generen beneficios mutuos.
Se pone énfasis en manuales de procedimientos, y no en manuales de comportamiento.
Que hombre queremos a partir de lo que contratamos.
Un ejemplo: hace muchos años, muchísimos, no existían las agencias de remises, eran un lujo, los "bacanes" se movían en autos de alquiler con chofer.
Era un gusto ver a los choferes de traje, algunos pocos con gorra.
Bien, si se hubieran rescatado sus modales, la educación y prolijidad manejando, el vocabulario, buenas costumbres...
Hoy es todo lo contrario, manejan mal, se visten a lo que les venga en ganas, insultan, radio a todo volumen y bronca en lo que terminaron trabajando.
El dueño de la empresa mientras recaude poco le importan los pasajeros, no les da normas o criterios de comportamiento, a pesar que viven de quienes los ocupan.
¿Se entiende a donde va el asunto?
De que vale contratar el mejor en su especialidad si no sabe integrarse a un grupo de trabajo.
De que vale contratar un peón por su fuerza si quiere emplearla contra sus iguales o superiores.
De que vale contratar seguros de riesgo del trabajo si por no tener "problemas" se permite no usar elementos de seguridad por que el inadaptado dice que lo "incomoda", y como producción o tiempos son tiranos, entonces dejamos para mas adelante cumplir normas...
Otra.
Las "quintitas".
Es de suponer que empresa que crece va imponiendo grados de responsabilidad  y especialización creciente.
Entonces comienza otro tipo de problema: los compartimientos estancos.
El celo casi profesional de lograr la perfección en cada especialidad hace que se caiga en "la culpa es del otro".
Entonces el trabajo en equipo da oportunidad de ajustar comportamientos y la convergencia de áreas
da lugar a grupos de trabajo inter disciplinarios que reducen costos.

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