Hoy he caído en cuenta que el ámbito de estación Liniers para mí ha estado desde siempre en mi historia, de pasada, pero no por ello menos intensa.
Cuando chico la llegada a esa estación atrapaba mi atención el andén Lechero, pobre, casi tan elemental como previendo que para su fin contaban unos años no más.
Bajo, de madera y techo de chapas de zinc a dos aguas, el empedrado con faltantes y huellas daban por sentado que los carros a caballo trajinaban la playa quien sabe cuantas veces por día.
El ruido de tarros y luego de canastos de hierro con botellas de vidrio aportaban el encanto de sonidos al olor de caballos y cuerpos de hombres con vestimentas típicas de lecheros (vascos o ¿tanos?).
Yo de la mano de mi madre, a los tirones por que llegaba tarde a la casa de mis tías y salíamos apurados a tomar el colectivo 109.
Otra etapa fue perderle el miedo al puente peatonal de la estación. Ya subiendo las escaleras a sabiendas de tener que transitar el pasillo sobre el vacío me producía tal terror que se cayese que a los tirones por un brazo, llorando a mas no poder y gritando que el puente se iba a caer arribábamos al otro lado, o sea a la salvación de la escalera descendente, ahí terminaba mi suplicio, a la vuelta, el colectivo nos dejaba en la boca del túnel entonces era otra cosa.
Pensar que unos pocos años después era el rey de trepar al techo de mi casa o a los árboles gigantescos eucalíptus de la casa de mis tíos en Bahía Blanca.
Mas tarde llegó el progreso y para mi el edificio emblemático de la zona ferroviaria...
Edificaron tremendo edificio cuya forma par mí parecería un enorme buque, un portaaviones gigante... Aún su imponente figura destaca por sobre el resto edificado...,
En segundo lugar estaría el Estadio de Velez...
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