sábado, 2 de febrero de 2013

¿Autoridad, para qué?

Cuando era niño -mis padres me tuvieron "de grande"-solo conocí a mis abuelos de crianza de mi viejo, (sus tíos directos) en cambio los padres de mi mamá hacía tiempo habían muerto.
Aquellos no vivían con nosotros, eran parte de la familia de mi tía, hermana de papá, así que los veía "de visita" cuando vivían en nuestra localidad.¿Por que cuento esto?, porque eran ¡figuras!(el uso de comillas aburre) a su manera, esto significa cumplían un papel y sobre todo observaban y metían alguna reflexión o palabra en punto a cuestiones y eran escuchados. Lo cierto es que abuela Mercedes, y en su estampa en memoria de niño, la veo pequeña pero enérgica de ojos vivaces y graves vestida de pollera larga acampanada con delantal (una visión cónica con el debido respeto) era la matrona de la cocina y los quehaceres domésticos y la cuidadora y mal criadora de sus nietos. Pero el viejo no. El Tata como yo le decía,(Sanjuanino, de buen apellido que había sido juez de paz en Viedma) era la viva imagen del hombre del siglo 19, recio, dueño de las palabras, penetrante mirada y porte casi militar, caminaba lento pero erguido, mataba su tiempo de vejez en su tomatera, de esto me acuerdo con regocijo pues tenía una cacerola agujereada en el fondo y obturada con trapo - suena ridículo verdad- hoy veo su utilidad pues con ella goteaba el agua a voluntad (yo era el único que podía jugar con ella hasta sacarle el trapito), y aunque me reprendieran por tocarla, él risueñamente decía "dejen lo no más, yo se la dí".Su autoridad emanaba así de natural, casi sin aplicar energía y estaba bien.La familia bullía en cambios, el país aumentaba la velocidad, en cambio su país - aquella Capital de provincia, aldea  todavía en el año de 1982- conservaba mucho de lo de antes, es claro podía verse en su mirada las épocas bravas que le tocó vivir, de a caballo o en carruaje, milicos, guardias territoriales, indios amansados y sobre todo la rotunda lejanía de Buenos Aires, así es mi recuerdo: autoridad sin ejercicio, pero natural, por viejo y por vida acumulada.
El siguiente tipo fueron nuestros padres - para algunos viejos como yo- que ejercían su autoridad de varias maneras, pero la mas jodida y curiosa era la del "control remoto", con visitas o de visita, con una mirada, encontrábamos instantáneamente la ubicación, o la retirada si de conversaciones de adultos se trataba, o la promesa de un coscorrón en casa.Otra era "que te dé permiso o que te avale(el boletín de calificaciones) el otro", ahí la pericia y el olfato decía con quien empezar primero el trámite.Todo era aprendizaje para la vida de fuera.No nos fue tan mal.El gran legado para mí fue entender, adoptar y aplicar: el "Hacerse Cargo", así mayúsculo.Unas anécdotas ilustran.Devolver lo que no es tuyo (un juguete encontrado en la vidriera de un negocio y otra ya más grande y re contra travieso fue devolver y pedir disculpa al vecino -al que le desarmé su sistema automático de tanque de agua-  claro que para llegar al artefacto fui de mi techo a su techo casa por medio - y rojo de vergüenza le entregue un manojo de roldanas, contrapesos e hilos, hasta hacía minutos mis trofeos de guerra, no nos trataba bien a los chicos en su librería.La otra "si vagaba durante el año el verano solo servía para pasar de año".Estos mecanismos de aprendizaje de conducta para conectarse con lo social mucho tenía que ver con el mundo del trabajo.
En el colegio a parte de instruirnos en distintos tópicos y menesteres era evidente que lo central pasaba por disciplinar el espíritu y mejorar la conducta para insertarnos en el mundo de los mayores.
Entonces estar en autoridad y ser autoridad fueron bien entendidas.
Lo político temporal de ser o estar en jefe y otra cosa el logro de ser reconocido como autoridad en cualquier disciplina.Sin quitar méritos a la jefatura por cierto necesaria desde tiempos remotos.
Hoy con horizontes poco claros para muchos jóvenes y ninguno para muchos de ellos, valores como autoridad, educación, auto límites o disciplinar el carácter suenan a chifladuras.
Quizás tengan razón de pensar para que me quieren educado, disciplinado, ¿tan sólo para que no causemos problemas y tener que posar sus miradas - con fastidio- en carne ociosa?
Uno ha sentido en carne propia el tratamiento de "hijo" o "por que habla si no tiene mayores conocimientos (estos individuos se me antojan asomando sus narices y manitos detrás de sus títulos colgados de una pared) sobre el punto.
Todo en nuestro país merece un replanteo, sistema educativo informativo, valores y deberes, solo entonces el principio de autoridad tendrá los requisitos acordes con peso propio y pleno, que el pueblo hoy no distingue en los líderes, y con certero orgullo de ciudadanos libres exigen primero respeto, para luego respetar.    

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