martes, 19 de diciembre de 2017

Mis antiguas conexiones: los gauchos

Los conocí casi desde el misterio, y casi de la misma manera se perdieron en esa bruma que me rodeó dentro del seno familiar.
El siglo diecinueve los vio nacer, crecer y luego de muchos años adentro del siguiente siglo, vieron a morir.
Aquello de palpitar la vida de a caballo, donde la vida y la muerte eran los amigos entrañables, de hombres y mujeres que atrevidos, habitaban los poblados, aún los pretendidos de ciudad cabecera, estoy hablando del sur al final de Buenos Aires y del Territorio Nacional del Río Negro y desde allí sin caminos rumbo a la cordillera.
Rudos debían ser. La conquista del desierto aún olía a sangre fresca, heridas horrendas, rencores ocultos y risas triunfantes debían ocurrir en el tiempo y circunstancias apropiados, o los sables, facones, lanzas o boleadoras harían lo suyo en un santiamén.
El Tata, un hombre de ley o mejor de leyes, fue Juez de Paz, no sé por cual designio, nada menos que en Viedma, mi abuela firme como un tocón enterrado en la tierra. Localidad junto, río de por medio, a Carmen de Patagones, que por penurias, arrojo y valentía, sin importar la estupidez política, formaban La Comarca, una e indivisible.
Mis raíces hundidas en tan recio pasado, forzosamente debía estar rodeada de un halo misterioso.
Exploradores, aventureros, ávidos, rotosos, matones y santos, todos juntos haciendo patria.
Será por eso que en el camino en junto, desde mi niñez hasta el tiempo de tomar mi rumbo, y solo por el momento de buscarme y hacer de mi vida lo que fuera, pero siempre el tiempo de antes, el campo y sus tradiciones,me acompañan, en mi habita alguien antiguo, entre gaucho y ciudadano...
No me disgusta...
Creo sentirme tan cómodo en ambos mundos, no desprecio el porvenir aunque me atrae todo lo antiguo.
Interpretó ambos mensajes.

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