Imágenes de una película empezada y vista alguna vez...
Historia estética, enlazada con hechos reales...
Una República hermosa y remota: Georgia, desangrada por pelear su libertad e independencia por estar inserta dentro de otra gran república.
Entonces comprendí que aquellos nómades modernos sufridos, escapando con lo puesto, empujando improvisados transportes...
Esas imágenes de humanos brutalmente arrancados de sus tierras, valen mas que mil palabras aunque todas sean de máxima aspiración humana.
Yendo a ningún lugar, solo escapando de uno insoportable, sin posibilidad de vida, parecía historia de ellos mismos repetida.
Siempre se cree que los hombres no cometerán dos veces la misma tragedia, pero no, en las historias contadas o escritas solo se registran las vivencias de cada generación, sus necesidades, sus heroicas situaciones o humillantes finales momentáneos.
Luego todo recomienza, como luego de criminal incendio, la tierra reverdece.
Ello es posible pues todo es indeterminado, sino ¡que triste sería vivir!.
Los finales, son por suerte, el comienzo de otra cosa.
Cada individuo es precioso para conseguir lo que políticamente se quiera.
Esos que huían son los protagonistas, las luchas entre combatientes pueden o no expresarlos...
Ellos prestaron su carne para ese momento, sin importar que otros hombres ya fenecidos hayan pasado por las mismas desgracias, que en esas mismas tierras, ocurrieran otras matanzas.
Que la historia mostrara cuan terribles fueron los combates, o que se enfrentaran grandes emperadores o imponentes generales entorchados, poco importa, nada importa.
Hoy son otros los hombres, mujeres, niños en medio de la guerra.
El papel del individuo en la historia, tan mentado, hace pie en la masa de humanos y lo eleva líder, a uno cualquiera que queda registrado con nombre y apellido para la historia.
El resto es solo masa, fuerza y empuje controlado a voluntad del dirigente.
Debemos replantearnos este concepto.
Los individuos somos ante todo personas, ciudadanos asentados en comarcas, con ritmos y ciclos propios, también tenemos nombre y apellido aunque no queden registrados, aunque se recuerden el valor y espíritu de combate de los caídos en nombre de ideales...
Esas imágenes de un tejido social roto tiene tanto o más valor puesto que el mérito de quienes provocaron los hechos es haber disuelto lo que generaciones pasadas pacientemente lograron, mucho, poco, humilde o simple pero auténtico hasta la médula...
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