6
de Abril de 2013
Una necesidad de aclarar comportamientos políticos
El proceso de lograr en tiempo prudencial
modificaciones de comportamiento en ciudadanos o instituciones requiere
detección de problemas en su faz más temprana.
Estudiar el entorno y el núcleo del problema,
cuantificar su costo, lograr consenso, presupuesto y apoyo financiero si su
magnitud abarcara en tiempo a varias generaciones.
Luego tener voluntad de querer solucionarlo
mediante el mecanismo administrativo o legislativo correspondiente.
Para una
vez lograda su formulación, impulsar a la
burocracia de gobierno y si se necesita al cuerpo social, en la dirección
prevista.
Todo recostado en las negociaciones políticas,
en la persuasión del discurso en la docencia para convencer y entender el
beneficio a lograr.
Aquí es donde me topé con la prospectiva, que
es una ciencia cuyo objeto es el futuro de cosa o fenómeno presente, pero que
no hace futurología ni pretende demostrar que, de ocurrir cambios en ellos, las
cosas ocurrirán sólo como lo pretendemos y no de otra manera.
Por el contrario descree en el determinismo,
puesto que si la vida fuera tan solo una ecuación o pura lógica, entonces no
tendríamos que preocuparnos por lo positivo
o lo negativo que fuere, pues el futuro sería inmodificable.
Todo lo contrario a lo que nos proponen quienes
dicen tener las políticas de bienestar que nos convienen, entre otros los
marxistas o los socialistas de nuevo cuño.
Como dicen los que saben, aún en las grandes
contiendas, el cuerpo a cuerpo hace la diferencia entre bandos.
El poder del hombre ejerciendo actividad en su
entorno, adquiriendo experiencia de errores y aciertos, imprime su sello al
todo y por supuesto lo modifica.
Así cada vez nuevos desafíos se plantean y la
vida toma caminos insospechados, por lo cual siempre resulta asombrosamente hermosa.
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